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Banco de pruebas
Audi R8 4.2 FSI R Tronic coupé
Del salón a la carretera, del prototipo al modelo de serie. Audi da una vuelta de tuerca tecnológica e industrial al lanzar su superdeportivo R8 y demostrar que es posible conciliar lujo, confort y deportividad.
Cuando el prototipo "Audi Le Mans" fue presentado en septiembre de 2003 en Francfort, algunos no vieron más que una maniobra mediática encaminada a celebrar las tres victorias conseguidas por la marca en las 24 Horas de Le Mans. Pese a todo, en Ingolstadt ya tenían el proyecto prácticamente perfilado y listo para que a partir de 2007 el nuevo modelo rivalizara con los de Aston Martin, Mercedes y sobre todo con el mítico 911 de Porsche. Refrenda esta afirmación el hecho de que, detalle más o menos, el esbozo "Le Mans" y el R8 que sale a la venta a un precio mínimo de 116.800 € sean estrictamente idénticos. Audi ha sabido desmarcarse de la estética extravagante de los deportivos italianos y alemanes. Impresionante por su tamaño y musculatura apenas disimulada, este dream car retoma una magnífica zaga realzada por las luces de diodos, los extractores de aire y los cuatro escapes.
Una silueta baja (apenas 1,25 m de alto), corta (4,43 m) y sobre todo muy ancha (más de 1,90 m) para plantarse de lleno en la carretera y ofrecer a sus ocupantes dos amplias plazas: el Audi R8 impone incluso parado. Su carrocería de aluminio y magnesio alberga un chasis de tipo ASF (Audi Space Frame), un V8 de 420 CV (el mismo que el RS4) en posición central trasera y la famosa transmisión Quattro. Con una velocidad máxima de 301 km/h y menos de 5 segundos para pasar de 0 a 100 km/h, el coche hará temblar a la competencia sin dejar de hacer gala de una docilidad y facilidad de manejo asombrosas.
En carretera
Al subir a un deportivo, uno se predispone inconscientemente a tener que hacer todo tipo de contorsiones hasta llegar a un asiento de tipo baquet de acceso no siempre fácil (es el caso por ejemplo del Porsche 911 GT3). Poco importa lo cerca que se está del suelo, con el Audi R8 ocurre todo lo contrario. La posición de conducción es casi ideal, la distancia hasta el techo muy satisfactoria y los asientos, un ejemplo de ergonomía, confort y sujeción, invitan a recorrer grandes distancias. Todos los mandos han sido estudiados para conseguir que la conducción sea más fácil y precisa.
Una vez instalado, mi única obsesión es meter el contacto y comprobar todo lo que el coche puede dar de sí. Más que nada por saber si el más deportivo de los Audi merece este encumbramiento. La respuesta es sorprendente, ya que Audi ha preferido jugar la carta del GT potente antes que la del roadster puntero y fuente de sensaciones. Cuidado, tampoco se piense que estamos en una berlina familiar: la cosa se anima cuando decido "meter caña" al V8 y poner a prueba el mando secuencial de la caja pilotada. De fácil manejo y con un comportamiento irreprochable (incluso bajo la lluvia), el Audi R8 hace gala de agilidad, relativo confort y eficacia. El coche ofrece asimismo la posibilidad de ganar algunos milisegundos en los cambios de marcha con solo pulsar el botón "sport".
El sistema Quattro se encarga de distribuir, sin intervención alguna del conductor y en función de las condiciones de adherencia, la potencia entre ambos ejes. En concreto es el visco-acoplador central el que se encarga de enviar entre el 10 y el 35% del par disponible al eje delantero. De esta manera, el R8 adopta el temperamento de un modelo a propulsión sin poner a prueba al conductor.
Standing y lujo obligan, la insonorización ha recibido una atención especial aunque en este caso es todo un placer entregarse a la música con dejes de turbina del V8, sobre todo al subir de marcha en modo secuencial. Muy excitante, pero cuidado con los excesos de velocidad.
En nuestra opinión
Mucho más moderno que un Porsche 911 y menos salvaje que un Aston Martin, el Audi R8 roza la perfección y demuestra que es posible conciliar lujo, confort y deportividad. En suma un GT ideal (fabricado a mano a razón de 20 ejemplares/día) que la marca hace pagar caro, máxime si tenemos en cuenta que todos los equipamientos o casi son opcionales. Hasta el detector de lluvia y luminosidad, de serie en un modesto Peugeot 207, se factura aquí a 300 €. Aunque, claro está, a estos niveles no creemos que 300 € más o menos le quiten el sueño a un comprador dispuesto a desembolsar alrededor de veinte millones de las antiguas pesetas.
A favor
Silueta muy atractiva, habitáculo cuidado, espacioso y high-tech, V8 impresionante, caja pilotada, comportamiento en carretera casi perfecto, frenada a la altura.
En contra
Dirección quizá demasiado desmultiplicada, suspensión seca, maletero minúsculo, prácticamente ningún portaobjetos, equipamiento de serie mínimo (a pesar del precio), política de opciones exagerada.
Especificaciones técnicas: Audi R8 4.2 FSI R Tronic coupé
Motor
Gasolina, 8 cilindros en V, 32 válvulas, inyección directa, 420 CV a 7.800 rpm y 430 Nm a 5.500 rpm
Prestaciones
Velocidad máxima: 301 km/h
Aceleración 0-100 km/h: 4,6 segundos
Transmisión
Integral, caja manual de 6 velocidades
Dimensiones
Largo: 443,1 cm
Ancho: 190 cm
Alto: 124,9 cm
Batalla: 265 cm
Maletero: 100 dm3
Peso: 1.560 kg
Depósito: 75 ó 90 l (opción gratuita)
Suspensiones
Delantera y trasera independientes. Paralelogramo deformable. Resorte helicoidal. Barra estabilizadora de serie (desactivable)
Frenos
Cuatro discos ventilados delante y detrás (365 mm). Frenos de cerámica en opción.
Ruedas
Neumáticos235/40 (delante) y 285/35 (detrás)
Llantas 19 pulgadas de aleación
Consumo
Mixto homologado: 13,6 litros/100 km
Emisiones de CO2: 326 gr/km
Precio
Modelo probado: 124.750 €
Modelo de base: 116.800 € |